…Ávidas exploradoras, por horas se perdían. Aparecían con rasguños y mugre en las uñas de su paso por los sucios de la cocina, las alturas de las lámparas, o los fríos de la nevera; pero felices, vivas de autonomía. Graciosa su forma de andar. Reptan adelgazando su sombra, dejando un vago rocío a veces azul, a veces morado, que marca su dactilar marcha. El dedo del medio hace de rastreador, feroz saurio, encumbra, baja, olisquea todo antes de dar un paso…